El objetivo de la jornada fue imaginar un nuevo entorno de trabajo capaz de responder de forma realista, útil e inspiradora a las necesidades de su comunidad. Para ello, comenzamos con un primer momento de networking que permitió conectar ideas, compartir expectativas y abrir una conversación colectiva.
Un proceso de diseño desde la experiencia real de uso
Tras este primer intercambio, realizamos una visita a las zonas en reforma para conocer de cerca el potencial de la ampliación y activar una reflexión compartida sobre las nuevas dinámicas de trabajo que el espacio puede acoger en el futuro.

Uno de los ejes más enriquecedores de la sesión fue el análisis de los distintos modos de trabajar que conviven en un mismo entorno profesional. Para ello, trabajamos a partir de cuatro perfiles identificados previamente:
- - Analítico de profundidad: necesita concentración, estructura y espacios de foco.
- - Creativo-explorador: busca flexibilidad, estímulos e inspiración para generar ideas.
- - Relacional-dinamizador: activa proyectos conversando, conectando y colaborando con otros.
- - Ejecutor-estructurado: valora la claridad, la funcionalidad y la sensación de avance tangible.
Este marco permitió que cada participante pudiera reconocerse en una forma de trabajar concreta y, al mismo tiempo, comprender mejor las necesidades de otras personas con ritmos, prioridades y maneras de producir diferentes.
Grupos de trabajo para idear y crear prototipos
A partir de este marco, se formaron grupos de trabajo procurando que en cada uno hubiera representación de los distintos perfiles identificados. La intención era que cada equipo integrara sensibilidades y necesidades diversas, enriqueciendo así el proceso de diseño y evitando pensar el espacio desde una única lógica de uso.

Desde esa composición plural, los grupos comenzaron a diseñar y prototipar propuestas de espacios de trabajo capaces de responder a las necesidades de cada perfil. Los diseños creados fueron originales, inspiradores y muy conectados con la realidad de quienes harán uso del lugar. Todas las propuestas buscaron un equilibrio entre áreas serenas, cómodas y bien preparadas para la concentración y el trabajo profundo, y otras más abiertas, flexibles y estimulantes, pensadas para la creatividad, la colaboración, el intercambio y la cocreación.
Esta forma de trabajar permitió aterrizar una idea clave: no existe un espacio perfecto universal. Lo más eficaz es construir una pequeña ecología de espacios, donde convivan zonas de foco y silencio, áreas flexibles e inspiradoras, espacios de encuentro y conversación, y entornos claros, funcionales y ordenados para la ejecución. De este modo, cada persona puede encontrar su sitio según la tarea, el momento y la energía con la que trabaja.
Mucho más que una ampliación física
Más allá de las soluciones espaciales planteadas, la jornada dejó una convicción reforzada: diseñar un coworking también es diseñar una comunidad. Cuando un espacio se piensa desde la escucha, la diversidad de perfiles y la experiencia real de sus futuros usuarios, se convierte en una herramienta mucho más potente para generar bienestar, facilitar nuevas formas de trabajar e impulsar proyectos con capacidad transformadora.
Fue además una sesión especialmente dinámica, participativa y divertida, con un ambiente excelente que favoreció la creatividad, la implicación y el intercambio genuino entre las personas asistentes. De este encuentro surgieron propuestas de gran valor que ayudarán a que la ampliación del Centro de Innovación Diego Hidalgo sea mucho más que una mejora de infraestructuras: un entorno preparado para acoger distintas maneras de trabajar, activar conexiones y consolidarse como un motor de innovación para la región.